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7 octubre, 2016

CUANDO LAS VÍCTIMAS SON ELLOS…

Vivimos en una sociedad en la que el tiempo, muy paulatinamente, va cambiando las mentalidades de las personas. Sin embargo, todavía se asocian determinados conceptos de forma automática.

         De hecho, si preguntáramos a la sociedad que pensamientos vinculan a los conocidos “malos tratos”, el 95 % asociaría hombre-agresor, mujer-víctima. Pero, ¿porqué no asociarlo de forma viceversa?

         Son numerosos los casos en que las víctimas son ellos; los hombres. Nos encontramos, pues, ante la conocida violencia silenciosa e invisible. Si bien, existen estudios, en nuestro país, en los que las cifras no son comparables a las de los casos en que las mujeres son las víctimas, debemos advertir que son muchas las ocasiones en que el hombre no denuncia.

         Los motivos para no denunciar son extensos y es que para ellos, admitir y manifestar dichos hechos, es sinónimo a debilidad, y creen que la sociedad cuestiona su virilidad, por lo que prefieren seguir viviendo un infierno en el que los insultos, amenazas, lesiones, y un sin fin de aberraciones son los protagonistas de su historia. Enmascaran, pues, una realidad que nadie conoce, lesionándose muy gravosamente su propio autoestima.

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         En la actualidad existen asociaciones que ayudan a los hombres maltratados y que luchan por una igualdad jurídica de protección, puesto que en el sistema jurídico penal español se diferencian dos tipos de violencia que se dan dentro del ámbito familiar:

         1.- La Violencia doméstica; Se trata de la violencia ejercida por cualquiera de las personas descritas en el artículo 173.2 del Código Penal siendo éstas “El cónyuge o sobre persona que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia, o sobre los descendientes, ascendientes o hermanos por naturaleza, adopción o afinidad, propios o del cónyuge o conviviente, o sobre los menores o personas con discapacidad necesitadas de especial protección que con él convivan o que se hallen sujetos a la potestad, tutela, curatela, acogimiento o guarda de hecho del cónyuge o conviviente, o sobre persona amparada en cualquier otra relación por la que se encuentre integrada en el núcleo de su convivencia familiar, así como sobre las personas que por su especial vulnerabilidad se encuentran sometidas a custodia o guarda en centros públicos o privados (…)“.

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         2.- La Violencia de género; Se da únicamente en aquellos supuestos en que existe o ha existido una relación sentimental entre agresor y víctima, siendo aquel del sexo masculino y esta femenino, aun cuando no haya habido una convivencia. Y si se trata de relaciones homosexuales, entonces, ¿qué sucede? Como consecuencia del revuelo surgido, dado las múltiples interpretaciones que se podían llevar a cabo, el Tribunal Constitucional estableció un único criterio. Y es que nunca se aplicaría dicha regulación a las referidas relaciones homosexuales, por no cumplirse el requisito del sujeto, tanto activo como pasivo, del hecho delictivo, dado que la propia Ley 1/2004, de 28 de Diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género tiene por objeto ” (…) actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”.

         Por lo tanto, en las amargas historias en que el hombre se convierte en la caperucita roja y la pareja en el lobo, debemos atender a lo dispuesto en el artículo 153.2 del Código Penal, en el cual se establece que cuando la víctima es alguna de las personas previstas en el artículo 173.2 del mismo texto legal, el autor será castigado con la pena de prisión de tres meses a un año o de trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 80 días y, en todo caso, privación del derecho a la tenencia y porte de armas de 1 año y 1 día a 3 años.

         Sin embargo, el problema deviene a la hora de acreditar los hechos en la fase del Juici Oral, más aún cuando los episodios de violencia doméstica, del mismo modo que sucede en la violencia de género, se cometen, habitualmente, dentro del reducido círculo familiar, y en muchas ocasiones, en el estrecho ámbito de la relación de pareja, de modo que la propia naturaleza del delito de maltrato lleva consigo que los medios probatorios sean escasos. Así, pues, tal escasez de medios probatorios comportan que el principio de inmediación cumpla un papel fundamental para el Juzgador.

         En todo Juicio Oral celebrado por un hecho delictivo de Violencia doméstica, y siempre y cuando el agresor/a no admita su autoría, existen versiones contradictorias por lo que la dificultad probatoria se agrava muy notoriamente. No obstante, en todo proceso seguido por una causa penal, concurren versiones contradictorias de los hechos, vertidos por cada parte, sin que ello signifique, como es lógico, que tal circunstancia haya de derivar necesariamente en la absolución del acusado/a.

         Por lo tanto, debemos atender a los datos objetivos existentes que corroboren la versión del perjudicado para que se reúnan todos y cada uno de los requisitos, exigidos jurisprudencialmente, para que la testifical de la víctima se considere prueba de cargo bastante para desvirtuar la presunción de inocencia del acusado/a.

         En primer lugar, se debe atender si existe algún de móvil espurio (causa de resentimiento, venganza, etc.), dado que ésta será la fundamentación que bien seguro alegará la defensa. De hecho, el último Juicio Oral que celebré por un caso de violencia doméstica, en el que yo representaba al hombre y éste era la víctima, y la mujer comparecía en calidad de acusada, la adversa alegó que mi representado había interpuesto la denuncia como fruto del móvil espurio existente entre las partes por encontrarse ambas inmersas en un proceso de separación. Sin embargo, dicho precepto por sí solo, no puede considerarse en que no concurre el requisito de credibilidad de la víctima.

         Además, se debe hacer un análisis riguroso de las condiciones exigidas para aceptar el testimonio de la víctima ya que un procedimiento de separación o divorcio, en ningún caso, puede privar de validar dicha prueba.

         En este sentido, y habida cuenta que se trata de un delito cometido en la más estrecha intimidad, la jurisprudencia del Tribunal Supremo ha establecido, de forma reiterada, que el TESTIMONIO DE LA VÍCTIMA, aunque no haya otros testigos del hecho delictivo, puede ser SUFICIENTE PARA FUNDAMENTAR UNA CONDENA Y DESVIRTUAR LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA, dado que el mismo Tribunal entiende que “nadie ha de sufrir el perjuicio de que el suceso que motiva el procedimiento penal se desarrolle en la intimidad entre la víctima y el inculpado, dado que, en otro caso, se provocaría la más absoluta de las impunidades“.

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         Siguiendo estas líneas y tras la práctica del interrogatorio de la acusada y la testifical del perjudicado, debemos atender a la existencia de demás datos periféricos como son; informes médicos después de producirse los hechos, reportaje fotográfico llevado a cabo por los agentes de policía, al momento de interponer denuncia, el informe forense, dado que la sanidad indicará si las lesiones son compatibles con lo relatado por la víctima, testificales, etc.

         Por último, y de conformidad con lo dispuesto en las sentencias del Tribunal Supremo de 21 de Abril de 1987, 14 de Julio de 1987 y 14 de Septiembre del mismo año, el Juzgador es soberano en la apreciación de la prueba, si bien dicha valoración ha de hacerse con arreglo a las normas de la lógica, máximas de experiencia o de la sana crítica.

         Desde Arbitrium Advocats, queremos transmitir todo nuestro apoyo a las personas que son o han sido víctimas de la violencia doméstica y les aconsejamos que sigan el criterio del novelista y dramaturgo Paulo Coelho, por el que “La valentía no es la ausencia del miedo, sino la fortaleza de seguir hacia adelante a pesar del miedo“.                                                         

 

Fdo. Lídia Villanueva García

- Abogada-

Escrito por Lídia

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