2 septiembre, 2016

REGIMEN DE VISITAS EN FAVOR DE LOS ABUELOS

Tras un divorcio, separación, o bien ante la ausencia de uno de los progenitores, muchas son las ocasiones en que los menores sufren por la nueva situación acaecida, dado que conlleva fuertes sentimientos de pérdida, de adaptación, y profundos cambios en las relaciones interpersonales. Sin embargo, en múltiples situaciones, a ello debemos añadirle problemas a los niños para relacionarse con otros familiares o allegados, con los que han estado acostumbrados a convivir habitualmente; y sin ir más lejos, en muchas ocasiones la relación entre abuelos/nietos, fruto de una ruptura o ausencia de un progenitor, se ve sumamente deteriorada y perjudicada por la nueva coyuntura.

Asiduamente, los abuelos suelen ser una figura muy importante en el ámbito familiar, un pilar fundamental en la educación de los nietos, les transmiten sabiduría, experiencia, tranquilidad, cariño, estabilidad… El beneficio es mutuo, puesto que los abuelos se enriquecen emocionalmente de igual modo de la relación con sus nietos.

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En estas misma línea, cabe destacar que los casos más frecuentes en la práctica, en los que abuelos/nietos no pueden mantener su relación,  son los siguientes:

1º. Por ruptura del matrimonio o pareja de los padres.

2º. Por fallecimiento de uno de los progenitores.

3º. Por diferencias personales entre los abuelos y los progenitores de los menores.

4º. Abuelos que han tenido a los menores en acogimiento, y no quieren o no son capaces de resolver el conflicto cuando el hijo reaparece y reclama al menor.

Es por ello, que hay que tener muy presente la regulación que ha establecido a tales efectos, la legislación, y en concreto el artículo 160 del Código civil, que tiene como finalidad brindar efectividad a los derechos que le corresponden aquellos abuelos que sin justa causa no puedan tener relación con sus nietos.

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Lo dispuesto en el artículo 160 del Código Civil, es claro:

«No podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados. En caso de oposición, el Juez, a petición del menor, abuelos, parientes o allegados, resolverá atendidas las circunstancias. Especialmente deberá asegurar que las medidas que se puedan fijar para favorecer las relaciones entre abuelos y nietos, no faculten la infracción de las resoluciones judiciales que restrinjan o suspendan las relaciones de los menores con alguno de sus progenitores».

 En virtud de lo citado, los abuelos podrán instar una demanda, que se sustanciará por los trámites del Juicio Verbal, en la que se solicitará un régimen de visitas entre abuelos y nietos.

Tal y como establece la Sentencia del Tribunal Supremo de fecha  20 de octubre 2011, la complejidad de las relaciones entre familiares se evidencia en los asuntos referidos a las relaciones entre parientes más alejados que los progenitores, que pueden verse impedidos de una normal relación con sus descendientes o ascendientes.

Debe partirse de la regla de que no es posible impedir el derecho de los nietos al contacto con sus abuelos, únicamente por la falta de entendimiento de éstos con los progenitores, cuando no afectan al interés de los menores. Rige en la materia un criterio de evidente flexibilidad en orden a que el Juez pueda emitir un juicio prudente y ponderado, en atención a las particularidades del caso, el cual deberá tener siempre como guía fundamental el interés superior del menor. El distanciamiento y las malas relaciones de la abuela con la hija no son «justa causa» para impedir las visitas y comunicaciones entre nietos y abuelos que reconoce el art. 160 CC.

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Para mayor abundar, la Sentencia del Tribunal Supremo de fecha 24 de mayo de 2.013, establece: “la justa causa para negar esta relación no puede alegarse de una forma simplemente especulativa, sino concreta para ver si responde a una realidad que pueda servir de argumento para eliminar este derecho que no tiene más restricción que el que resulta del interés del menor”.

En cualquier proceso de familia, tal y como lo dispone La Convención sobre los Derechos del Niño, de 20 de noviembre de 1989, y la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, el interés del menor debe prevalecer frente a cualquier otro derecho, interés o expectativa.

En estas mismas líneas se pronuncia el Tribunal Supremo, al establecer los siguientes principios que lo desarrollan:

1º. La normativa relativa al interés del menor tiene características de orden público, por lo que debe ser observada necesariamente por los jueces y tribunales en las decisiones que se tomen en relación a los menores.

2º. Los jueces adoptaran de oficio todas las medidas necesarias para la protección de dicho interés, considerando siempre las circunstancias personales del menor en cada caso, pudiendo incluso sustituir la voluntad de las partes.

3º. El interés del menor permite acceder en casación al TS, si no se ha observado correctamente dicho interés.

4º. En materia de relaciones personales, es el beneficio de los menores el que debe valorarse en cada caso, no un beneficio genérico y difuso, sino que debe materializarse y determinarse a través de una valoración judicial que debe tener como límites: la racionalidad en la apreciación de los hechos y la protección del bienestar espiritual y material del menor; atribuyéndose, por ello, al Juzgador, como antes hemos recogido, amplias facultades discrecionales para fijar el régimen de comunicación convivencia y visitas, así como para resolver en cada caso y momento concreto lo más conveniente para el menor.

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Fdo. Nadia Rosello Skeppe

– Abogada-

 

Escrito por arbitriblog